jueves, 31 de marzo de 2011

ANGELES MENDIGOS

Su mano era áspera, vestido como si tuviera frío , incluyendo una bufandita y unos lentes oscuros a las7pm. Me extendió su mano hablando tan bajito que no entendí en verdad qué decía y como suelo ser despistada en algunos momentos, el personaje me agarró precisamente en ese instante, con lo cual, le extendí la mano y le dije "mucho gusto!". Al rato , mi amigo Julio, que estaba muy cerca, le dio algo de dinero...no se estaba presentado aquel señor, me pedía una ayuda y no me di cuenta. Lo que recuerdo mucho es que cuando le dí la mano, sonrió.
En realidad, sentí algo muy cálido en esa mano àspera, que mi imaginación hacía suponer, quizás se debía a problemas de alcoholismo. Su sonrisa a medio salir me produjo una agradable sensación.

Pasaron algunos meses y me vi en la catedral de Santiago. Cuando me bajé del carro, me abordó un señor pidiéndome dinero. A este sí lo oí, aunque hablaba entre dientes y poco se le entendía hasta que decidió que yo tenía que entender qué es lo que decía. Ese día, no llevaba yo ni un solo centavo encima y me di cuenta en ese instante. Así es que le dije al señor" mire qué cosa! no cargo encima ni medio!! se lo juro!!" Me miró sonriendo y fue cuando abrí mi cartera, saqué la billetera y le dije "mire!! ve?' ciertísimoooo!! ni un solo centavo! ahh! noo, mire tengo 2!!" entonces me respondió como dándome ánimos: "no se preocupe, la próxima vez me da algo", pero como a ese lugar no voy nunca porque es en otra ciudad de aquí, le respondí enseguida lamentándome: "pero si yo no vengo por aqui  nunca.." y con toda su calma , siempre manteniendo esa sonrisa me dijo "ud. va a regresar, no se preocupe"; al final nos acabamos riendo los dos porque resultó que yo estaba en las mismas latas! Mi hija estaba  a mi lado y se limitó a ver cómo sucedía todo y por supuesto a reirse también por lo mismo...parece que les resultó divertido verme sin un centavo. Asi es que, despuès de agarrarme de chiste un buén rato,  entramos a la iglesia  y aquel señor se nos puso muy cerca y casi pude sentir que nos cuidaba, me sentí la forastera con guarda espaldas. Al finalizar del acto al que habíamos asistido, se nos acercó, se despidió y nos dijo "Dios me las bendiga a las dos".

Cuando tengo la dicha de recibir bendiciones de quienes se nota la pasan muy duro, siento que tienen en ese instante el don de que las bendiciones sean realidades, pues les sale del alma como mandados del cielo. Me impresiona mucho y lo agradezco más .
Siempre acabo riéndome junto a ellos por algo sin relevancia, pero en sus sonrisas sí que se ve al mismísimo Dios.

Con José, el chico de la silla de ruedas del semáforo de la esquina, aprendí que por muy fregados que estemos, siempre hay un motivo para sonreir. Me ha levantado el ánimo sin saberlo siempre que lo he necesitado y no tiene ni idea! cada vez que nos vemos , porque el semáforo está en rojo, se acerca y me saluda con su gran sonrisa y sus dientes muy blancos: "gracias amiga!" o un  "hola amiga!". Con él también me he reído mucho, pués viene la luz verde y yo trabada con la billetera que no encuentro dentro del bolso; no se porqué me gustan los bolsos tan grandes que parecen de magia, pues todo aparece y desaparece .

En realidad, estos seres, a pesar de pedir, dan más de lo que ellos pudiesen pensar, son portadores de una especie de amor y calma, a pesar de sus propias dolencias. Sus bendiciones y buenos deseos me llegan muy adentro del corazón y es cuando recuerdo todo el cristianismo de un solo golpe, pues son, sin duda,  fiel reflejo del amor al prójimo. A veces pienso que ellos son muy grandes y nosotros tan pequeños...

La mayor impresión me la llevé con una señora muy especial, que caminaba como perdida y con varios rosarios en su cuello,en parte parecía enajenada;  se fue directo hacia mí, yo estaba sentada y se arrodilló para saludarme, la quise levantar de inmediato, se negó, luego me dio un beso en la mejilla, me bendijo y se fue. Sin duda Dios está por todos lados.

Con mi despiste temporal o sin él, siento que esas personas tan ajenas a nuestra vida, van por ahí repartiendo bendiciones a su paso, dándonos con una sonrisa la señal mágica de la existencia de Dios que nos recuerda de la forma que quiera que no estamos solos, cuando más solitarios nos pudiéramos sentir. Esa gente sin duda tiene un don: el  de dar esperanza con una sonrisa, con un simple gesto o con palabras atinadas así sean  solo tres.

A veces creo que son àngeles disfrazados de gente desafortunada, otras veces los veo desvalidos, pero siempre reparten una especie de calma rarísima, esa calma que a todos nos falta muchas veces y la necesitamos tanto.

Hace muchos años, Antonio se dio a a la tarea de ayudar a los ancianos sin hogar que había por montones en un sector de la ciudad. Se metió por los lugares menos pensados y fue dando con uno por uno, al final resultaron ser muchísimos! Les llevaba medicinas, los médicos, comida y ropa. Todo siempre con la ayuda de algunos amigos que le cooperaban cuando podían, otras veces, solo. Cada día aparecía con su cargamento y todos lo esperaban con sus dolencias , sus historias y su esperanza. Pasado un tiempo, de aquellas visitas en plena calle, apareció un hombre que no pertenecía al grupo de los ancianos y al parecer buscaba atraerlos a la iglesia a la cual pertenecía. Lamentablemente la vía que utilizó fue indisponer de alguna manera la labor de Antonio con ellos y aquel día, cuando apareció y aquel hombre empezó a insultarlo gratuitamente, absolutamente todos los viejitos se fueron levantando y sacando de sus bolsas palos que llevaban para defenderse y que hasta el momento nadie tenía idea de ello. Se pusieron frente al hombre en tono amenazante y le dijeron que mejor se fuera por donde había venido, que no lo necesitaban para nada y que con Antonio no se metía nadie!! Que quien  lo hiciera, entonces tendría que verse con ellos!! Y aquel aspirante a reclutar para su  iglesia, tuvo que salir huyendo.
Estos Angeles que deambulan por ahí, tiene  su misión encomendada. Sin duda, aquellos ancianos, lo eran, pues con semejante defensa solo pienso una cosa : Eran  ángeles, verdad?