domingo, 11 de septiembre de 2011

EL CARRO AZUL


  Llámese carro, coche, automóvil, auto o vehículo, da lo mismo. Mi carro es azul,  y sumamente accidentado.

Sus primeros pininos en el arte de la embestida los sufrió cuando teníamos pocos meses de haberlo comprado y unos ociosos decidieron robarlo. Me tocó llamar a la policía y  todo el rollo ese que no es nada agradable, aparte que tenía una rabia que para qué les cuento.

Mi querido carro fue utilizado para un asalto que hasta salió en la televisión .Allí se veía mi carrito como huérfano,  a media calle y luego la entrevista con los pobres turistas a los que les habían robado hasta la ropa puesta, sí, la ropa que tenían encima ( la cual me dejaron como souvenir los ladrones dentro del vehiculo) quedándose como vinieron al mundo en plena vía desierta, para que no pudieran hacer gran cosa.
Como el incidente había sido tan sonado, la policía no nos entregaba el carro por aquello de tomar huellas y todo el protocolo cuando usan el vehículo de otro para un robo, pues resulta que siempre los primeros sospechosos son los dueños del carro desaparecido. Mientras me tomaban declaración el día que apareció, me preguntaban  en la policía con cara rara “y dónde estaba ud. a las 6pm del día domingo?????” y yo que respondo: “en mi casa, donde más??? Verá que con una bolsa de colostomía que llevo puesta encima, no estoy con muchas ganas de recorrer  con frecuencia la ciudad y menos de hacer planes…” para esos tiempos estaba con mi enredo de salud. Después de mi respuesta, ya no me molestaron más y me ayudaron mucho.
Una vez terminado este contratiempo vehicular, del cual, el carro salió sin retrovisor, chocado por algunos lados y un par de cositas más, me sentí libre.

Pasaron los meses y un buén día, me chocó un bus; uno de los temidos “diablos rojos”, fue cerca de la parada ,  andaba sola ese día y cuando me golpeó, sentí que me desinflaba. Me bajé del carro y el busero ni loco que salía del bus; la gente de la parada me gritaba cosas ofensivas sin ton ni son, entonces fue cuando me empecé a olvidar de Carreño y me volví loca temporal. Recuerdo  a  un hombre afro descendiente enorme que me insultaba y cuando lo vi tan mala gente, me volteé y le dije “ud. Se callaaaaaaaa!!!!! Qué?? Pariente del busero o qué!!!???? No se meta!!!!! O va a pagar la cuenta?????” para mi sorpresa quedó mudo, la gente que lo rodeaba se congeló y yo me sentí victoriosa y con ganas de aplastarlos a todos por malos!! Fue cuando  “me oí” decir “alguien más opina???... Metejones!!!!!!” la verdad, se me salió el verdadero cobre. Mientras tanto,  el chofer del bus se hacia el sueco…el tipo no bajaba ni muerto y fue cuando me paré frente a las escaleras y le grité a todo pulmón “es que no pretende bajar o qué???!!!” el hombre solo se agarró la cabeza y bajó, con cara de fresco me dijo “bueno, la verdad…no la ví”, sí, ahora ciego, no me ve y casi me aplasta. Le dije que lo lamentaba, pero que en ese instante se iría conmigo a cotizar en talleres para saber cuánto me tenía que pagar, así es que no pudo mas que estacionar el bus en una esquina , subirse al carro conmigo y recorrer talleres del área. Creo que me acabó odiando.

Después de un tiempo, un domingo, paseábamos en nuestro accidentado car cuando vemos una moto bellísima que nos pasa al lado y del waooo pasamos al ohhhh…se nos había pegado tanto que golpeó el retrovisor  izquierdo. Para no hacer tan eterna la cosa, quedamos en que el motorizado se comprometía a llamarnos el dia lunes y comprarnos uno nuevo que en efecto hizo...final felíz.

Pasaron meses, muchos meses y una mañana me llama mi “roomate” desde la calle…”me chocaron… qué hago?? Cómo es eso del seguro?”  me dice y yo:  “Porra!!” Yo tampoco sabía, pero como estaba en la casa y soy bastante ordenada, busqué los papeles, vi el número, llamé, volví a llamar a mi husband para que supiera que lo llamarían de la aseguradora y que no se preocupara. El pobre estaba haciendo un alto y un carro minúsculo se pasó su alto y quedó como pelotita de pinball cuando chocó con un camión que giró para no darle tan duro y el destino, otra vez en tragos, no ideo más que el famoso carrito se detuviera en el mío!!! Hubo ambulancia, heridos y toda la cosa; afortunadamente entre los heridos no estaba mi esposo.
Con este choquecito la cosa fue a juicio , pero tuvo otro  final felíz.

Bueno, pensé, se acabó tanto rollo con mi pobre carro…pero… un sábado en la mañana, salgo con mi hija,  tomo por mi atajo favorito y de la nada me sale…un taxi!!!! Lo que me faltaba para la lista!! Y me golpea la defensa trasera por un lado. En ese instante grité como una loca y mi hija que estaba al  lado también, aunque dice que fue por imitación porque cuando dejó de gritar se preguntó por qué gritaba tanto, dice recordar el golpe, los gritos a duo nuestros y una pataleta que dice ella que hice dentro del carro diciendo “ay nooooo, mi carritooo nooo, otra vez noooo!!” bueno, frené, me bajé y lo primero que le dije al taxista fue “ señor..y qué le pasó??” “ay… señora…no la vi” estoy por pensar que soy invisible, ya van dos que dicen no verme..
El pobre hombre no tenía  dinero en el celular, ni papeles de transito de los de ahora para ir anotando detalles mientras vienen los de la aseguradora, (Espacio publicitario: yo si los tengo porque mi amiga Cristina me los mandó por Hotmail, gracias Cris!!); acabé llamando  a la policía y dándole de mis papeles al taxista , porque llevo siempre de más por si las moscas. De pronto pensé en el juicio otra vez, la esperadera y el enredo…vi que solo era un raspón y le sugerí que lo arregláramos nosotros, que me pagara y adios, parecía mafiosa. El taxista, que resultó ser aspirante a pastor de las Asambleas de Dios y hermano de pastor, quedó contándome que cada vez que hacia ayuno, algo le pasaba, le dije que yo era católica y que cuando mejor quería hacer las cosas, zasss pasaba alguna cosa como esta, entonces le echamos la culpa al diablo,  que nos quería alejar de los caminos de Dios. Luego me contó de su iglesia y yo le hablé de los rosarios que me hacía diarios; nos despedimos y prometió pagarme en la semana lo acordado porque tampoco llevaba ni medio en ese momento.
El taxista cumplió lo prometido y entre seriedad y sonrisa, cada vez que me hacía un pago, me quería hacer ver lo supuestamente equivocada que estaba  al ser católica, desde su punto de vista. Yo le tuve la paciencia que jamás le tuve al busero y es porque este, en realidad me parecía un hombre bueno. Al final cada quien se quedó en su iglesia prometiendo tener al otro en sus oraciones.


Mi carro azul me ha traído de todo, sigue rodando y ahí donde se le ve, tiene ya muchas vivencias, no ha sufrido la embestida de una lancha porque no es anfibio, si no …ya tendría su historia marítima en el listado. De todos estos enredos saqué cosas buenas, aprendí a hacerle caso a esa voz interior que te dice cuando confiar y cuando no, recordé que las cosas materiales no son mi todo, soy  aun más cauta al manejar, pues ahora vuelvo a cuidarme  mucho más del prójimo  y sobre todo  ahora que parece que soy medio invisible. También  descubrí que tengo mi lado salvaje, porque ponerme como loca de avenida a gritar  en una parada de bus…no lo tenía ni en planes ni en sueños, aunque la verdad, a pesar de no perder la compostura así por así,  nunca he respondido bién ante algo injusto. También recordé que no necesito llamar a ningún hombre cuando pasan estas cosas…gracias papá que siempre me mandabas al taller mecánico a dejar el carro cuando era muy joven y a encargarme de todo ello, y yo que agarraba este coraje!!. Y ante todo, aprendí que no todos los taxista son iguales, que los motorizados también tienen palabra , que los buseros de verdad que son unos personajes y que los ladrones no se componen y de paso andan demasiado creativos. Va a resultar que mi carro azul es todo un maestro.

Nota: Mi carro y el príncipe del mismo color, no son familia.