lunes, 9 de abril de 2012

EL CARROUSEL


Tan bonitos, tan coloridos, tan fascinantes para los niños. No recuerdo cuándo fue la primera vez que me subí a uno, solo recuerdo que soñaba que no estaba allí cuando daba vueltas encaramada en un caballo o un unicornio, porque sentada en los silloncitos esos con cara de magia que van entre cada cuadrúpedo no era emocionante.
En estos días estuve de espectadora viendo uno de ellos, vi que el sistema sigue siendo el mismo, la fila de los niños que suben, el llorón que le da miedo, pero que la mamá lo anima porque como a ella le gustaba cuando chica... también se ve el que va con la empleada y la pobre muchacha  a agarrar el niño toda la vuelta y si se marea, ni modo, la mandaron sin preguntar. También están los que están tan pequeñitos, que a esos si los sientan con adultos en los silloncitos mágicos ( es que no se cómo llamarlos). Siempre existe el corre corre de la entrada para no quedarse sin cuadrúpedo. Pero lo que más me gusta es la saludadera de las madres cada vez que el vástago gira en frente suyo: aaaaaadioooooosssssss!!!! con la mano, no se cuántas veces; la sonrisa siempre puesta, porque las mamás somos así, medio cursis según los padres, tiernas según los abuelos (maternos) y para nosotras es que somos mamás!!!!
Una tarde estaba sentada frente a uno junto al roomate; me la pasé mirando el show tan legendario este y casi me sentí adivina: "mira..ahora viene la vueltecita y la mamá saludará...waoooo saludóoo!!! pobre niño..debe estar cansado de la historia esa, pero ahi la ves, saludando...es que yo hacía lo mismooo!!!" libreto espontáneo, le llamo yo.
Son tan codiciados los carrouseles por los niños, que dejan a quien sea por uno de ellos, pues con el caballo basta. Un tarde hace años, mi sobrino Dani quiso subirse al carrousel con su prima Eugenia y le dijo "vamos!! tengo cincuenta centavos!" le dijimos que eso solo le servia para una persona, entonces miró a su prima y le dijo " lo siento Eugenia, te quedaste!!" y eso que dice quererla mucho. Pero si es que esos carrouseles son separa gente!
Y como el carrousel se nos va quedando chico, un buén día aparecieron todo tipo de juegos digamos que acrobáticos de feria. Las tazas esas que giran sin parar y que me parecían más seguras porque de la taza no te sales. Lo malo es cuando uno de los ocupantes se marea demasiado y amenaza con vomitar, ahí si se nos ocurre que las tazas tengan propulsión a chorro para salir volando antes del suceso.
También están los paraguas esos que vuelan y giran, al menos esos son más pacíficos. Al martillo jamás me he subido y no me subiré, porque a parte que me dan miedo, parecen maltratadores y sus ocupantes, masoquistas. Hay que ver los gritos que salen de allí, los pelos al viento y cuando baja todo el mundo, caminan como dislocados, pero en cuanto se reponen...ahí van de nuevo, ven? masoquismo puro.
Las célebres montañas rusas me parecen tan bonitas! Y me gusta verlas, no subirme. Es que soy medio vertigosa. Marta se apunta a todo! Cuando éramos más jóvenes y menos bellas que ahora, se subio a una con Mónica, creo que Moniquín lo pasó mejor, pués en cada vuelta solo se escuchaban los gritos de Marta y no solo los gritos...también palabras interesantes.
Los carros chocones nunca faltan, una tratando de no chocarse y todos encima chocándonos...en fin, para eso son; lo malo es que se sale con un dolor de cuello!!
Luego están esas lanchitas bonitas donde se suben los niños... y las madres otra vez, saludan y de paso se puede oir el consabido grito de "no metas la mano en el aguaaaaaa!!"
De verdad que son todos memorables. Como siempre, me recuerdan la vida diaria, porque muchas veces le damos vuelta a lo mismo, giramos y giramos sobre la misma cosa. Nos metemos en locuras y sobresaltos, para luego salir caminando de la mejor forma posible, aunque hay quienes prefieren salir cojeando. 
Sí, me recuerdan a la vida y como me la recuerdan tanto, prefiero ser como las madres del carrousel, que saludan y sonríen, lo demás...no existe.