domingo, 16 de enero de 2011

DESDE ARRIBA

Cuando todo parece cerrarse, miras a un lado...y allí están esos ojos mirándote, para después acercarse y demostrarte de alguna manera que está de tu lado,  que te apoya aunque seas el culpable y se queda contigo hasta que te animas nuevamente. Es la misión encomendada de las mascotas de una casa.

Lo curioso es que nadie les enseña a amarnos, les fluye solito, como si vinieran con algún chip desde el mismo cielo.

Unos viven con nosotros muchos años, otros pasan de puntillas, pero el tiempo no es requisito para que se conviertan en inolvidables.

Dar amor incondicional es lo que nos une a ellos, nos enseñan lo que es la gratitud, la solidaridad, el cariño sin condiciones, el perdón, la paciencia , la alegría  y todo ello con una naturalidad que ya quisiéramos muchos humanos tener.

Cuando parten, se llevan un pedazo de nuestra alma, como si fuera un souvenir que les garantiza que alguien les crea su paso por nuestras vidas.

Mi primera mascota fue un pato, sí, un pato! yo vivía en un apartamento y mi mamá se quería volver loca con el cuac cuac el día entero, pero para mí era fascinante tenerlo detrás. Catalino, que así lo llamamos, crecíó y tuvo que ser enviado a otro sitio más cómodo para él, llevándose mi gratitud por el tiempo compartido y mi amor y recuerdo de por vida.
A Catalino lo siguieron los famosos pollitos de feria . Por supuesto que también me los mudaron a otra parte.
Tuve  pajaritos...Tinito fue el primero, el muy fresco se escapó un día y con su cara de plancha se subió en la rama más alta que pudo del árbol del vecino , cantó su canción más felíz y se fue sin dejar rastro. Ahora me alegro que se fugara...los pàjaros deben ser libres.

El único perro que tuve en mi vida de infancia, porque de adulta tengo a la maravillosa Dulce y  a las inventoras  Lola y Marcia, se llamaba Snoopy Coorier, porque tenía dos nombres, ya que si yo tengo tres..porqué él no podía tener dos???? Comía paletas conmigo en las escaleras de mi casa, siempre le compraba dos al paletero..una para él..otra para mí. Aun lo recuerdo, extraño sus locuras y su amor.

A mi vida llegó también Pepita,  una paloma que me encontré en la calle , la cual jamás voló y nunca supimos el motivo. También llegó inesperadamente Julio Pascual, un perico nacional que rescaté de la casa de mi novio porque no estaba bién de salud y se estaba muriendo...se lo llevé a mi papá que para suerte mía era veterinario y sobrevivió. El muy ingrato perico destestó al que le salvó la vida y para siempre! Y a mí me adoró durante sus 17 años de vida, fue mi compañero de cuarto por muchos años. Por cierto que aprendió a sonar igual que el despertador y sonaba cuando le daba la gana!!!

Cuando llegó Wilbur a mi vida, no me gustaban los gatos, pero estaba tan triste en esa temporada que quedé haciéndome amiga suya y por su causa me confieso actualmente fanática de los gatos. A Wilbur le sucedieron Violeta, que era una admiradora de los microondas( porque cada vez que poníamos pop corn en el micro, se sentaba mirándolo fijamente hasta que terminaba) y sus hijos, que nos dejó cual legado cuando la perdimos.
Todos se llevaron al partir, un pedacito mío, así como me dejaron un pedacito suyo. Si fueran malos, no los recordaríamos tanto! Y es por eso que creo, que Dios nos los pone en el camino para aprender de alguna manera, a ser mejores seres. Para saber que hay que ser incansables en dar amor aunque no nos lo devuelvan de la misma forma; a querer a nuestros semejantes con todo y su gama de defectos que no son más que los mismos que tenemos nosotros, dar apoyo en todos los momentos necesarios y no esperar a que nos pidan consuelo ni ayuda, si no, darlo a manos llenas sabiendo que es el momento.

Estoy segura sin saberlo a ciencia cierta, que están aquí como una especie de ángeles, con una misión con fecha de expiración,  partiendo cuando la han cumplido  a cabalidad.

Me siento afortunada por el amor recibido de cada una de mis mascotas a lo largo de mi vida y por lo que sigo recibiendo del  loro de mi mamá y mis gatos, del perro del vecino y de cuanto animalito se me acerque, porque con ellos siempre se siente paz. Esa paz que viene de arriba!! Dios sabe bién cómo maneja a sus criaturas. Ahora también , junto a mis gatos, se han sumado tres perritas que nos llenan de cariño incondicional, como solo Dios les ha podido haber enseñado.

Hoy quise recordarlos a todos, quise recordar que no los olvido.